Nosotros, los tercermundistas.

Actualizado: abr 10


El sistema ha multiplicado el hambre y el miedo; la riqueza continuó concentrándose y la pobreza difundiéndose. Así lo reconocen los documentos de los organismos internacionales especializados, cuyo aséptico lenguaje llama "países en vías de desarrollo" a nuestras oprimidas comarcas y denomina "redistribución regresiva del ingreso" al empobrecimiento implacable de la clase trabajadora. "Las venas abiertas de América Latina" (1971), Eduardo Galeano

Sí, Eduardo, "países en desarrollo" es un eufemismo para el ámbito público, aunque todos sabemos que de puertas para adentro aún nos llaman los tercermundistas.


Tercer mundistas, es decir los errantes, es decir los incapaces de seguir los pasos civilizatorios. Nosotros, los que a veces, bajo el embriago de un Chardonnay somos vistos con ternura, con voluntad de caridad, con necesidad de ser educados por aquellos de apellidos de alta alcurnia que dominando los laberintos más recónditos de la filosofía del renacimiento, entienden que nosotros aun seguimos estancados en la minoria de edad que explicó el gran Immanuel Kant.


Nosotros somos los que casi siempre copamos la generosa paciencia de los civilizados.


Ellos, con sus buenos modales, su sentido de mesura, su manera eficiente de ordenar la vida cotidiana y su racionalidad inquebrantable.


Nosotros en cambio tan salvajes, tan bullosos, tan violentos, tan emocionales, tan analfabetas. Nos dieron el regalo de las lenguas romances y las hemos deformado. Estos acentos criollos que le quitaron al portugues su conjugación más sofisticada y le arrancaron al español el pronombre que dio vida a los mundos literarios de Miguel de Cervantes.

Si el escritor estuviera vivo diría:

"Vosotros sois los incuestionables asesinos de Sancho"


¿Y cómo borrar de mi memoria el día en que en medio de un parque londinense fui escuchada por un amable hombre británico de mediana edad, quien mientras me miraba los labios, fruncía el ceño y parecía confundido porque no sabía si mi acento "narcotizado" le parecía insultante o sexy?


Sí, porque algunas veces hay quienes haciéndole guiños a la vasta historia de colonización, cruzan la línea del terror y nos definen como exóticos (más precisamente como exóticas), lo que nos hace aun más tercermundistas.


Nuestros cuerpos tan estereotipados y al mismo tiempo tan alienados satisfacen los deseos carnales de los que concurren las habitaciones oscuras del Montmartre, aunque casi siempre quedan confinados en el baul de los secretos, pues no encajan con un mundo lleno de elegancia y buen gusto.

Esa exoticidad no sólo seduce, también llena los presupuestos de las Naciones Unidas y motiva la verguenza que nos tienen la OECD y la OTAN. Sin duda, esa exoticidad llena los libros del viejo Chambers y los bolsillos de aquellos que a veces representan el significado del adjetivo "exitoso".


Una cosa es cierta, muchos se benefician de nuestros atributos exóticos, menos nosotr@s.


Pero la cosa no termina ahí. La paradoja de esta historia es que se nos ha llenado, a nosotros los sureños, la boca de orgullo y las mentes de mapas diseñados desde los escritorios de Codazzi.


Hay algo de complicidad en nuestro presunto estatus de "tercermundistas". Hemos aceptado de algún modo serlo. Lo aceptamos cuando no queremos ser tan negros, cuando sonreímos al saber que nuestra sangre mestiza es mitad europea, es decir, lejanamente (muy lejanamente) relacionada con la nobleza de la que también eran parte Felipe I de Castilla, o la reina Isabel, próceres de nuestras "madres patrias".


Y consentimos la condena de ser siempre los rezagados en los cuentos de hadas del grupo de los 7 (G7) cuando en América Latina nos llamamos a nosotros mismos "Occidentales" o cuando en África nos arrodillamos a la sobrepoblación del AID o cuando en Asia nos enorgullece ser educados bajo el sistema de educación heredado de la colonia británica.


Somos obedientes y sumisos ante el pesado concepto del tercer mundo, cuando asumimos la edad media como parte de nuestra historia, cuando creamos empresa inspirados en los libros hechos para emprendedores gringos, cuando nos vamos a otros países de antecesores griegos y empezamos a despreciar nuestros orígenes, como si la pobreza, la violencia, las heridas que cargaramos hubieran sido producidas por nuestra bien conocida falta de inteligencia.



Una historia para inspirar un desenlace satírico:

Brighton, Reino Unido Febrero 6 del 2020

Abrí el periódico TheArgus a eso de las 10 a.m. y me econtré con el siguiente artículo escrito por un respetado lider social de Brighton, Reino Unido, que lucha por tener más espacios en la ciudad para recrear los perros de buen pedigree manifestando cuan desconcertado estaba al ver su amada ciudad deteriorada como el Tercer mundo.




Su descripción de nosotros, es sin duda mejor que la mía.



"...car enfin, ce Tiers Monde ignoré, exploité, méprisé comme le Tiers Etat, veut lui aussi, être quelque chose" Alfred Sauvy

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