Retazos de la palabra deshauciada: Mi último requiem

[Extractos de mi diario. Agosto, 2019]


I.

Las palabras toman forma de vacío a las siete de la mañana, cuando el teléfono suena y de él se desprende una retahíla silábica que juega conmigo. [Me dice que te has ido]


II.

Tu nombre fue la única palabra que se quedó conmigo tras tu partida.

Son las siete y tu nombre, jaula y aliento, me sostiene de pie en este minuto atróz, infinito, arrollador, en el que estoy. Tu nombre baña todas las palabras que conozco y mi boca se olvida de vocalizar cualquier sonido que no evoque tu mirada, amor.


III. No es silencio lo que queda en mi vientre, es tu nombre y eso lo cambia todo.


IV. El alfabeto hoy sólo tiene cinco letras y cada una me asusta más que la otra.

Frente a tu cuerpo inmovil me balanceo pisando la fina línea que une mi vida con tu muerte.


V. Hasta hace muy poco creía que mi llegada a este mundo era el nacimiento de una forma nueva de crear palabras. Mis manos, mis lunares, mis rodillas, configuraban el único diccionario que quería leer de principio a fin.


Pero ante mi se reveló tu muerte y mis palabras volaron aterradas y juraron no volver a mi boca, porque de hacerlo, se ahogarían en un cúmulo de gemidos uterinos que duelen tanto como ver tu rostro desvaneciéndose.


VI

Tus ojos, que siempre fueron tan dulces y cercanos, hoy son una utopía léxica y mis pechos que te buscaban en las noches de canciones tibetanas sucumben ahora ante la epifanía de no tenerte mas que en las palabras.


VII

Me he comido uno a uno los recuerdos sonoros que me llevaban a decirte "amor" Los he mordido para no tener que dormir con su arrullo.

Pero no hay silencio, vida mía.

La ausencia de palabras es dolor, no paz. He vuelto al lenguaje originario que es borrasca, sueño y desasosiego


VIII

Mi palabra viaja con los pájaros para visitar la luna,

cruza la atmósfera y se muere de asfixia en la fragilidad de un cielo que no tiene sentido. Mis palabras se han ido quedando quietas o contiguas a los minutos en los que vivir es tan solo un método de preservación ancestral.


XI. No vino a mi rescate esa palabra primera y lo único que permaneció en el espacio fueron mis pies y mi asfixia.


X. La palabra amorosa se ha vuelto ahora mi utopía lingüística. ¿Cómo aprenderé a nombrar el amor otra vez? ¿cómo cosechar ternura en un terreno roto?


XI

Con el pasar de los días me he vuelto una prófuga de los nombres, desesperada, hija del hálito que aparece cuando las palabras -todas-

han decidido escapar, temerosas, a los rincones de mis pies. Si no me caigo es porque ellas me sirven de muralla para no dar un paso más.



XII

Nacemos en un estado sordo, ausente de palabras posibles.

Llanto y aire son la experiencia primera cuando nos roza el todavía indescifrable mundo extrauterino.



Las palabras han retornado tímidas, íntimas, frágiles y han hecho un ritual de paso en mi pecho. La voz, el cuerpo, la sonrisa empiezan a buscar formas de crear sentido para habitar un mundo que exige la palabra.


Requiem para el amor que se fue.







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