Palabras para tejer la muerte

Actualizado: abr 7

"Dice que no sabe del miedo de la muerte del amor, dice que tiene miedo de la muerte del amor, dice que el amor es muerte es miedo, dice que la muerte es miedo es amor, dice que no sabe" Alejandra Pizarnik

Yo, Alejandra, tampoco sé. Después de su partida mi útero estuvo vibrando, serpenteando y contrayéndose, como si el amor y la muerte se conectaran con el lugar primero de la vida.


A él lo veía en mis sueños cada noche, en silencio y quieto. En cada uno de mis sueños mi vientre se estremecía con la fuerza de un océano. Es que yo había sembrado nuestro amor en el caliz de mi cuerpo.


Todavía, cuando por extrañarlo lloro, mi cuna cervical tiembla y siento como si para poder dejarlo ir, tuviera que desenraizarlo de mi ser, y no quiero. De algún modo su muerte es para mi, una metáfora sobre el Origen.


1. La asfixia


7:22 AM... despierto, dos mensajes. Mucha confusión. Nadie entiende por qué en este día el amanecer decidió llegar sin tí. No lo creo, estoy atónita, mi realidad agitada, doblándose de formas muy extrañas en mi mente. No sé cómo llorar, no quiero llorar porque no estoy lista para decirte adiós.


Empiezo a recorrer un tunel, el más doloroso, el más desgarrador de mi vida y llego a tu casa. Todo tiene formas muy delirantes. ¿Cómo es posible que esa cama en la que nos amamos tanto, se haya convertido en tu lecho de muerte? escucho cantos, escucho palabras en lenguajes extraños y veo rostros ajenos.


Me encuentro asfixiada, devastada, muda, pálida. Me estoy tragando todo el llanto que no puedo, no quiero, dejar salir y mi ser es borrasca, fúrica y sin órden.


2. El vacío y la luz se juntan

Recuerdo sentir las horas pasando como dagas por mi garganta ya agrietada de tanto gritar tu nombre, de tanto suplicar para que no te fueras.


2:47 am, me despierto, han pasado 2 días desde tu muerte y te siento muy cerca. Presiento que me estás diciendo adiós porque todo a mi alrededor adopta un aire muy sagrado. Sonrío, te agradezco. Son unos minutos, aunque pocos, de profunda paz, de regocijo, de calma, de luz. Adiós mi vida, te digo antes de volver a dormir.


Los tibetanos creen que al tercer día de la muerte el alma del difunto se da cuenta que desencarnó, así que nos reunimos para no dejarte sólo. Yo puse todo mi cariño, toda mi intención en caso de que así fuera, pero una flor marchita en mi interior sabía que ya te habías marchado. Monjes, escrituras tibetanas, mantras, símbolos, tu foto en un altar. Mirar esa foto es lo más dificil que he tenido que hacer en mi vida. No puedo creer que no estás conmigo.


3. La verdad de la muerte aparece ante mis ojos

Yo nunca me preparé para ir a tu funeral, babe. No estoy lista, tengo miedo, estoy sola. No me digas que la realidad, cruda y sin velos, me hará pararme como una estatua aterrada ante tu ataúd.


Llegó el momento, traigo flores en mis manos, veo mucha gente y me miran, nos reconocemos sin habernos visto antes y en el ambiente se respira paz, aunque es una paz llena de zozobra. Acabo de ver tu nombre escrito en un cartel, eso indica que es cierto, que te has ido, que el reloj avanza pero no retrocede y empiezo a contar los días que llevo sin tí.


Entramos a la sala donde yace tu cuerpo y de nuevo monjes, cantos, cuencos, mantras, escrituras, tus padres, tus hermanos, tus amigos. Algunos miran tu rostro, yo no me atrevo. Tengo un pañuelo blanco en mi mano que tengo que tender sobre ese cajón de madera y me derrumbo en llanto al hacerlo.

Significa una sóla cosa, que te has ido mi amor, que te has ido para siempre. No entiendo por qué, te pido que no te vayas sin explicarme por qué, pero es tarde.


4. La imposibilidad de comprender la muerte

No, nada tiene sentido. Estoy enojada, muy enojada. Pienso, reflexiono. Estoy triste, vacía, agradecida. Siento culpa. ¿Pude haberlo evitado? Pum... me duermo.

Han pasado pocos días y es momento de volver a mi país. Estoy frustrada, me siento incompleta ¿no sé supone que nos íbamos a despedir en el aeropuerto? ¿no se supone que ibamos a tratar de mantener vivo lo nuestro? Me preguntaste un día ¿Amor, cómo sobreviviré cuando te vayas? y ahora esa pregunta está en reversa. Amor, qué hago para sobrevivir ahora que te fuiste.


Al llegar a casa instintivamente empiezo a recoger todas las memorias que tengo contigo y empiezo a explicarle al mundo que yo te amé mucho, que te amé de forma muy honesta, que me esforcé para ser luz en tu camino. Es inutil dar explicaciones, es innecesario, pero siento que tengo jueces silenciosos aguardando por mis palabras. Nada tiene sentido. ¿Seré yo mi propia juez?


5. La soledad

Nadie me entiende. Nadie entiende que enviudé a mis 23 y que me estoy muriendo yo también.


Es 23 de septiembre, han pasado sólo dos meses desde que te perdí y es momento de ir a Reino Unido a iniciar mi maestría. La palabra "Maestría" me da risa. Mi mente, mi corazón, ninguna parte de mi ser está aquí. Yo estoy en una jungla de recuerdos buscándote, mi amor.

"Maestría" no es más que una palabra que se burla de mi fragilidad.


No hay forma de explicar lo que me pasa. Me dicen que siga adelante, que lo supere. Me dan ganas de sellar esas palabras, de ponerlas en una silla eléctrica. ¿Cómo hacerles entender que el amor que te tengo no se supera? ¿Cómo hacerles entender que sigo perdidamente enamorada de ti? necesito convivir con mi incompletud, aprenderé a vivir con mi incompletud, pero tu nombre seguirá siendo la primera palabra que pronuncie en mi mente cada mañana.


6. El abrazo del tiempo


Medito mientras poco a poco renazco. Creo que renaceremos al tiempo, amor. Medito y mi soledad se vuelve un roble que sostiene mi vida y da sentido a todo, poco a poco, paso a paso. Aun soy tan frágil como un ave que con pocas horas de nacida tiene que volar una tormenta pero este mundo en el que estoy parece protegerme.


Estoy segura, aunque sola.


Día a día empiezo a tejer mis palabras, esas que no puedo expresar porque nadie comprende. Derepente tus recuerdos se vuelven sonrisas y me encuentro agradeciendolo todo. Hay una sola verdad que acompaña mi silencio y es que nos amamos mucho.


Bajo la mirada, encuentro nuevamente las últimas palabras que me escribiste por Whatsapp y la paz llega a mi, como si la vida me diera un regalo que sólo pudo ser gestado en tus ojos compasivos.



Epílogo del beso


Finalmente, tras un camino muy largo y pedregoso, empiezo a aceptar que te has ido de este plano terrenal; que tu cuerpo es ceniza, que no podré acariciar tu piel nunca más. Empiezo a aceptar también que el amor persiste aunque no te vea, que es una experiencia que lo trasciende todo, que el cuerpo es un vehículo del amor, pero no su orígen ni su fin.


El tiempo ha pasado y a su rastro me ha dejado hilos para tejer nuestra historia en lo más sagrado de mi ser y entonces entiendo que podré volver a amar a otro hombre sin que eso signifique olvidarte a ti, porque tú, ya habitas cada rincón de lo que soy, porque tú eres lo primero que aparece cuando digo gracias.


Me estoy reconciliándo con esa mujer en mi que llora, que teme. Me estoy re-encontrando con esa mujer que agradece, que ama. ¿Si te cuento que ayer besé otros labios, mi ángel, te alegrarías por mi?





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